En un país tan diverso y fragmentado como Colombia, la forma en que pronunciamos las palabras o el acento no es solo una marca de identidad regional; es un activo —o un pasivo— con repercusiones tangibles en el mercado laboral y la escala social. Una pionera investigación de la Universidad de los Andes, titulada Accents as Capital (Los acentos como capital), publicada originalmente en enero de 2026 y actualizada este mes de abril como el Documento CEDE número 1 del año, mide por primera vez en el país el «valor» económico y social de la fonética.
El estudio revela que ciertos acentos actúan como un verdadero capital simbólico, abriendo puertas a mejores salarios y posiciones de liderazgo, mientras que otros, a menudo asociados a regiones periféricas o estratos bajos, imponen una penalización invisible que perpetúa la desigualdad y limita la movilidad social.
La investigación de Uniandes, liderada por un equipo interdisciplinario de economistas y sociólogos del Centro de Estudios sobre Desarrollo Económico (CEDE), sistematiza un fenómeno largamente percibido pero nunca antes cuantificado en Colombia. Mediante una metodología rigurosa que combinó experimentos auditivos y análisis de datos laborales, Accents as Capital establece una jerarquía fonética con consecuencias económicas directas.
El estudio revela que los acentos percibidos como «neutros» o asociados a las élites urbanas del interior del país (como ciertas variantes del bogotano o el paisa educado) correlacionan con una mayor probabilidad de acceso a cargos de alta gerencia y salarios superiores, incluso controlando por nivel educativo y experiencia.
En contraste, los acentos costeños (Pacífico y Caribe) y los de regiones como los Llanos o el Tolima Grande enfrentan barreras de entrada y menores remuneraciones.
Accents as Capital: El riguroso análisis de Uniandes que cuantifica la discriminación por la forma de hablar o el acentro en el mercado laboral colombiano
Los sesgos identificados por la investigación no se limitan al ámbito laboral; permean la interacción social y la percepción de credibilidad y estatus. Accents as Capital demuestra que el acento influye en la evaluación de la inteligencia, la honestidad y la autoridad de una persona, afectando desde la consecución de un crédito bancario hasta el trato en instituciones públicas.
El estudio destaca que esta discriminación lingüística es, a menudo, una forma interseccional de prejuicio que se solapa con sesgos de clase y raza. Un acento del Pacífico, por ejemplo, puede activar prejuicios racistas y clasistas simultáneamente, profundizando la exclusión de estas poblaciones.
La investigación también aborda el fenómeno de la «acomodación lingüística», donde los colombianos de regiones periféricas se ven obligados a «neutralizar» o modificar su acento para mejorar sus perspectivas profesionales en las capitales.
Los autores sugieren la implementación de políticas que promuevan la diversidad fonética en los entornos laborales y educativos, y la sensibilización sobre los sesgos lingüísticos para evitar que el acento siga funcionando como un mecanismo de exclusión.

