Nahel M tenía 17 años, una madre que lo adoraba, un trabajo como repartidor de comida y una pasión por el rugby. Su vida se truncó el martes por la mañana, cuando un policía le disparó en el pecho durante un control de tráfico en Nanterre, una ciudad al oeste de París.
El policía alegó que Nahel se negó a detenerse y trató de atropellarlo con su automóvil, pero los testigos y los familiares del joven lo desmienten. Según ellos, Nahel era un chico bueno, amable y respetuoso, que nunca tuvo problemas con la ley ni con nadie.
El joven era hijo único de Mounia, una mujer de origen argelino que lo crio sola. Nunca conoció a su padre. Vivían en un modesto apartamento en Nanterre, donde Nahel era muy querido por sus vecinos y amigos. Estudiaba electricidad en un colegio cercano, aunque su asistencia era irregular. Su sueño era viajar por el mundo y conocer otras culturas.
Francia se moviliza por Nahel M: el joven repartidor que murió en un control policial
El día de su muerte, el jovencito le dio un beso a su madre y le dijo “Te amo, mamá”. Poco después, se encontró con el control policial que le costó la vida. Su madre se enteró por las noticias y no pudo creerlo. “¿Qué voy a hacer ahora?” se preguntó.
La muerte de Nahel ha desatado una ola de protestas y disturbios en varias ciudades de Francia, especialmente en Nanterre, donde cientos de personas se han manifestado para pedir justicia y denunciar la violencia policial y el racismo.
Algunos políticos y activistas también han expresado su solidaridad con la familia de Nahel y han exigido una investigación independiente del caso.
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